"El pintor sólo desciende hasta la frontera indecisa de lo visible y de lo invisto para que éste último la atraviese"
Robert Ryman - Series #9
"El pintor, como un alquimista, transmuta en visible lo que sin él hubiera permanecido definitivamente invisible. A eso lo llamaremos lo invisto"
Zeng Fanzhi - Untitled
"Hay que considerar el marco en el que reposa el cuadro como la puerta de los Infiernos de la que surge, cegado todavía pero milagrosamente arrancado del reino de la sombra, un nuevo visible, invisto hasta ese momento. Cada cuadro nos da una Eurídice, salvada (y no perdida) por haber sido vista, puesto que permanecía invista para todos menos para el ojo nocturnamente diurno del pintor"
Jorge Oteiza - Catarsis. Ritos de Putificación
"El cuadro vive como viven los hombres: singularmente, por sí mismo, insustituiblemente. El verdadero pintor participa del simple misterio de la única Creación, por el hecho de que no reproduce nada, sino que produce"
Doris Salcedo - Shibboleth
"Las puertas del Infierno se abren sin cesar, a través de las cuales el pintor conduce hacia la luz un nuevo maestro de lo visible, que no remonta más que para re-mostrárnoslo y, así, mostrarnos un monstruo. Monstrum, lo mostrable por excelencia, lo imprevisto bruto, el milagro. Miraculum, lo admirable por excelencia. El pintor de milagros consigue hacer entreabrir los ojos que lo visible, demasiado previsto, había cerrado".
Decididamente, el mundo habla y el cuerpo escucha en formato analógico. Con la sutilidad del 0,00000027 y su infinita diferencia respecto al 0,00000028. Esa suerte de matiz desencadena el instante. La indefensión ante la colonización digital del mundo llega a niveles tales como el de tener que estar valiéndome constantemente de algo que empobrece infinatemente nuestra cultura.
El olvidado arte de la electricidad estática. El craqueteo del vinilo. El universo contenido en cada traza de la trama de un papel de este libro. Su caricia. Aquel sabor.
Lo digital es comodidad, almacenamiento. Una mera reducción que permite un más descuidado y rápido manejo de lo que nos impide detenernos. Un simple recordatorio -derivado en mandato- de lo que algunos han estimado que no merece tanta dedicación.
Que tengas buenas noches hoy, y malos sueños para quien prefiera tenerte muerta que no tenerte nada...
Evitar caer en la patética frontera de ser un coñazo, debiera ser el punto básico de la ideología de cada uno.Hasta sus últimas consecuencias, porque no se puede caer más bajo que dar pena y una vez se traspasa esa frontera, es irrecuperable. Es algo cualitativo, no cuantitativo.
De haber sabido que aquella sí fue la última vez -y la última siempre es la menos necesaria de las veces- ¿Hubiera cambiado algo? Necesitas creer que sí. Apuntalar un lugar en el que te descabalgó la suerte. Hasta ahí jurarás que todo era perfecto. Hasta que te dijeron que de eso, nada, nunca más.
Seguir hablando de pérdidas, de amputaciones más o menos dolorosas, de la desaparición de los dulces sueños y, también por eso, seguir sin poder, saber, descansar pensando cómo rescatarte de tan siniestras garras. Lástima que lo que yo juzgo garras, para ti son caricias. Es una pena que la siniestra distancia separe lo que para unos es espera y para otros olvido.
Por supuesto que existe conocimiento en los sueños. Allí también sabemos cómo nos sentimos ante cosas que, caigan más o menos en lo posible, al soñar están ocurriendo. Si soñamos rodeados de cosas que conocemos bien, en situaciones y circunstancias ligeramente diferentes de las reales, no hay nada racional que nos permita pensar que lo que experimentamos habrá de ser diferente de lo que ocurriría aquí, al otro lado de lo que concedemos como “real”.Porque entonces, despiertas. Y si aún recuerdas, sientes. Y eso que sientes, permanece, porque el cerebro -los que dicen que no, mienten- no es tan listo como para diferenciar un mundo del otro que está dentro que él. Y lo que ahora tienes, anhelo o herida, lo tienes. La onza de carne desde ahora contendrá sangre. Y te preguntas si lo que viviste -te incite o te aterre- deberías tomarlo como adelanto, como visión o como advertencia. Así fue, que cuando esta mañana despertó, sintió que un sueño se había inmolado, y eso siempre tiene un porqué. Que algo de lo que ahí había ocurrido, quería decirle que no. Que no estaba yendo a donde él creía querer. Y que el temor quiso anunciarse cobrando forma de una realidad no muy distante a la actual, con la intención de decir: yo no te convengo. Ni como sueño, ni como realidad.
Eso, ahora, lo sé.
Me llamaste muy de madrugada, yo escuché a alguien toser detrás. Mientras definías el desprecio me dije que podría hablar, pero hay cosas que no hay que contar.
Premisa: Mad men comenzó aconteciendo en un cuadro de Hooper, actualmente discurre en The swimmer de Cheever y, todo apunta, a que se extinguirá en cualquier relato de Carver.
Primera estancia: Comienza la serie. Predominan las líneas de fuga que nos separa del centro del relato, los segundos planos, la oculta historia de los muy desconocidos seres que, vendiendo, van desapareciendo en y su vida. Asistimos impasibles, algunos reticentes, a este arduo proceso de decantación, a este agotamiento del cuadro que un día compusieron. Un día de Nighthawks se llevan una banqueta, al siguiente, la chica se va porque ha de llevar a su gata al veterinario, al tercero, el dueño les echa porque a fuerza de no pagar las cuentas, le han llevado a la quiebra. Resultado: desmoronamiento del cosmos de infinitos tensos equilibrios que, según Isaac Newton, permitía que todo siguiera en pie.
Segunda revelación: Cambio de plano. Un sólo protagonista. Él. Don Draper. Pétreo, heroico en el el griego sentido de la palabra. Desbordante de hybris. Se desencadena un tour de force en el que nos acercamos él. Con la impasibilidad de un cirujano, se van descubriendo todas las imperfecciones de la otrora carcasa de Mr. Draper. Desaparece cualquier reducto para la intimidad, sabemos más de lo que quisiéramos. Horadamos sueños, mentiras y miedos. Reajuste entre sus yoes.
Futuro indeterminado: ¿existirá redención? ¿Están la tesis y la antítesis contenidas en la síntesis? ¿El devenir será infinito en sus posibilidades? Apuesto por que Don acabará siendo un Carver desde la sobriedad que recuerda y escribe o desde la autodestrucción que vive.
Una feroz dentellada contra los arneses de la imposición de sentidos. Un corte de mangas, sonoro, a la cesión de unos ojos que no serían los míos para mirar ese objeto. El deseo irrefrenable de danzar, porque aunque no sepamos cómo, el movimientos nos permite volver a ser al olvidarnos de todo.
Y ahí, decir, repetir, que lo que habrá de ocurrir lo hará en el imposible equilibrio del nombre, en el lugar que siempre desaparece cuando aún no se ha posado nada.
Tú, no tú, el otro Tú, podrás ayudar a deshacerse todas las canónicamente numerosas piezas que recubren mi forzado cuerpo desmenuzándolo en necesarios filtros individualmente manejables. Y desnudo, estrábico, cojo o torpe, quizás pueda alejarme castigando una cantinela que sólo podrá decir bien un extranjero...
Hasta que el cuerpo aguante, hasta que el cuerpo aguante...
La mirada de Miguel Ángeles una dialéctica irresoluble, porque una mirada que se mira en otra mirada a través de un inanimado tercer elemento está condenada a nunca poder descansar. A que siempre haya algo más que se va tejiendo en un silencio que va apretando su extraña mordaza a lo largo del cuarto de hora del cortometraje. Algo se va erigiendo: una presencia progresiva va reclamando un contacto cada vez mayor hasta hacer inevitable el tocar. Y al acariciar el mármol es entonces cuando el infinito pulido de la túnica no se revela como tal, sino como un campo en el que la más mínima aspereza desbarata el sentimiento ¿Por qué? Quizás estar en silencio ayuda. Un alegato de la belleza, del tiempo lento, de la experiencia estética individual, del callado lenguaje de las emociones.
Sentir el acontecimiento que siempre es por última vez. Y entonces saber que está bien. Que basta. Que aún ante la instancia de la muerte se puede, se ham de volver al mundo. Aunque sea de los demás. Porque siempre se es otro tras haber estado en "el lugar en el que acontece el sacrificio de la comprensión del misterio"
El mundo sonando a foto triste y tú bailando. Desde la distancia nada me parece mejor ni peor. Acababa de decidir que no te dejaría intentar hacerme feliz, porque lo que media entre mí y mi soledad es un trecho que tú no puedes abarcar.
Sin pensar siquiera en despedirme , desaparezco. Noviaré por el resto del tiempo con el Fin. Ya no. Ya ni siquiera intento comprender porqué la gente insiste en rebuscar entre despojos de personas que se han herido y ensuciado, supuestamente amándose. No, mientras algo de mí se resiste a abandonarme, todo irá bien.
Me justifico a través del supuesto sinsentido de lo que me rodea. Me hago trampas haciendo desaparecer lo que supuestamente ya había desaparecido. Pero yo, confieso que he quemado muchos puentes, que aún todo el mal está por hacerse. Confesaré cualquier cosa, a sabiendas de que aún puedo hacer algo mucho peor.
El porvenir llega desde el pasado. El futuro acontecimiento que siempre puede advenir será algo dejado atrás. Los fulgores que nos deshacen -acotémoslo por el momento a fenómenos estéticos de todo tipo: una foto, un rostro, una frase... - son flechazos desde cualquier punto del pasado y que, siempre certeros, nos alcanzan por la espalda. Jamás los veremos venir, ni siquiera los intuiremos, aunque el proyectil pueda incluso llegar desde un tiempo que nosotros jamás hayamos vivido, pero, indefectiblemente, al perforarnos en nuestro lento y breve paseo hasta la muerte nos provoca un tambaleo, un avanzar de golpe, un desmoronamiento del mundo tal como hasta ese momento lo habíamos conocido. Aquel que ha sido “herido” no lo olvida.
El acontecimiento del porvenir es un ne plus voir venir -forzadamente traducible por “nunca ver venir”-. El porvenir acecha, es caprichoso, jamás avisa. Y , cobarde, dispara por la espalda.
Años llevaba buscando esta canción en vivo. Tuve la suerte de asistir hace años a un concierto suyo en Gijón y aún no sé si fue música, necromancia o tan sólo un ejemplo de trágica belleza. Desde entonces la historia del Kursk y sus cadáveres es parte de mi imaginario y constantemente salen a flote.
Mundo entremezclado, desnaturalizado, evanescente y en acelerada mutación. Apuesto un maravedí a que de aquí a unas pocas decenas de años -si no antes- se acabarán reconociendo derechos a las máquinas. Y no, no me estoy yendo a ensoñaciones asimovianas robóticas, sino más pedestres. Me explico. Vean este video:
Hay dos opciones: risa o un sentimiento de pena extrañamente empático. Puede recordarnos a un ataque epiléptico provocado cruelmente, a una atrocidad sin sentido en la que sentimos que en las convulsiones de la lavadora resuena algo humano. Me he sorprendido pensando esto y lo achaqué a la privación de sueño que hoy arrastro, pero siempre hay un guiño a la espera de sorprendernos. Si entran en la página de youtube del video, se encontrarán que este está marcado como material “ofensivo”, haciendo que sea necesario pasar un filtro de edad para visualizarlo. Esto en youtube ocurre sólo en dos casos: Si se muestra algo que insinúe mínimamente un pecho o en casos de violencia manifiesta. Una pista: yo no veo ninguna chica.
Existe música que acompaña y música que reclama. Rumores de árboles y electricidad estática. Refiriéndome a Godspeed You! Black Emperor, aquellos que los conocen -en el sentido bíblico de la palabra, o no- nunca dudarán de cuál es el lado del que se encuentran.
La Música (con mayúsculas de Dionisíaca) posee un núcleo oscuro, inaprehensible e incomunicable que posbilita la vivencia del tiempo como "duración" -Bergson-, ocurriendo en el mismo indisolublemente A y B. Siendo:
A) Experiencia de cercanía con la Música que nos permite introducirnos y firmar en ella. B) Exigencia de cercanía de la Música hasta introducírsenos y firmar en nosotros.
La Música es sensación instante de un presente indivisible, por lo que cualquier afán de testimonio ha de resultar, por fuerza, desmoronador de la experiencia e imposibilitador de la transmisión. Conformémonos con sentir, que no es poco.
"Hemos sido capaces de demostrar que la música activa circuitos neuronales de recompensa y emoción similares a aquellos que responden específicamente a estímulos que son biológicamente relevantes, tales como el alimento o el sexo o que son artificialmente activados por drogas como la cocaína. Y me pregunto si no es extraordinario el que la música active estos mismos circuitos cuando ésta no parece estrictamente necesaria en el mundo biológico ni para la supervivencia individual ni la reproducción ni tampoco se trata de una substancia química, como la droga."
Lo que siempre había intuido, algunos como Roberto Zatorre, investigador y autor del texto anterior, se han encargado de confirmarlo. Más allá de la absoluta inutilidad de gran parte de la investigación actual, resulta interesante como necesitamos reafirmar mediante un experimento lo que nosotros ya sabemos: que el placer estético funciona como una droga más. Que el alivio que provoca una canción determinada es como el de una calada de buen tabaco. Que el escalofrío del tercer concierto de Rajmáninov pulsa lugares muy parecidos a los del sexo.
Las teclas son distintas, pero el piano es el mismo: placer y displacer. Nada nuevo bajo el sol. Todos buscamos lo mismo. El placer es la moneda que mueve nuestro cerebro hacia un aquí y ahora.
Días. Días llevo con esta canción en la cabeza. No sé si ha sido antes o después de dejarme obsesionar con el placer. Un tema típico del verano y de su dispersión. Pensamientos opacos que inevitablemente tienden hacia la noche, a divagar sin hacer pie en el fondo del mundo.
Receta: Schelling + Lacan + Jose Luis Molinuevo + Pessoa + estío santanderino.
El ámbito de lo real permanece refractario a nuestro finito conocimiento. El corazón del que se escapan los latidos es la materia negra que la razón -por definición- nunca podrá ver. Debemos conformarnos en vagar de lo simbólico a lo imaginativo, de la palabra llena a la palabra vacía, huyendo, si cometemos la desgracia de rozar aquello de lo que la palabra no sabe hablar.
No existen los acordes musicales puros: en la raíz de todo está el engaño. Sólo así se nos hace soportable el mundo. Werckmeister lo supo.
¿Está la belleza en la mentira que se hace pasar por verdad? ¿O, acaso, en la fracción de lo “real” que refulge en el ídolo?
Dudo de calificar la pregunta de capital o de anecdótica. En todo caso, sí lo haré como irrespondible.
Nunca ha sido la tibieza un problema, así que vamos a seguir haciendo apología y crítica apasionada y parcial, como tiene que ser.
Gijón es una ciudad marcada por el contacto con el mar, por una historia casi siempre del lado de los perdedores y por una apariencia que, si bien ha sido limada últimamente, podríamos calificar como dura e intensa. Gijón imprime caracter. “Esa doble empalizada velar-sordo-fricativa” a hierro va en los que allí habitan. Y la música que de su mundo brota se anega de salitre, cemento y nordés. El repertorio destacable es numerosísimo (Nacho Vegas, Manta Ray, Viva las Vegas, Lucas XV, La Costa Brava, Mus...) y ahora hay que añadir otro grupo más: Elle Belga.
Tomando la nana como género trazan un disco -llamado 1971- que sin batería, centrándose en tenues cuerdas y un juego de dos voces con resonancias del mejor Low, está afinado con el son de la noche y el murmullo de la mar. Sabe a canción popular desubicada, a confesión de alcoba, a dolorosa calma. Y, además, es tremendamente bello. Todo está dicho.
Hoy. Última noche de un mundo que, como todos, desaparece. Extraña satisfacción de labor cumplida. Inevitable incertidumbre ante lo que puede ser. Respiro, tomo aire, un momento -prometo que sólo un momento- para mí.
Belleza absoluta. Placer. Abandonarse. Buenas noches. Click. Amén.
Snoop tiene una pistola apuntándole a la cabeza. Ella es alguien de trato cotidiano con la muerte. La conocimos comprando una pistola de clavos, no para hacer manualidades, sino para tapiar casas donde escondía sus cadáveres. Ese siempre ha sido su trabajo. A través de asesinar cumple su cuota de quid pro quo con el sistema. Ahora, en un coche, con una pistola apuntando a su cabeza sabe que ese es su fin. Se le permite una última posibilidad de hablar. De redefinir su relación con el mundo. Pero ella ya no está aquí. How my hair look like, Mike? De nadie sorprendería más esa frase, si la entendemos como una mera preocupación por su aspecto. Pero es que -repito- ella ya no está aquí. Ella, una espartana de Baltimore, se preocupa de estar guapa porque, al fin, conocerá a su patrón.
En su tienda de guerra en Cul Dreimhne, Columbkill, tembloroso, desata el saco, toma el libro. Es macizo y dócil como una mujer. Es suyo como el ternero es de la vaca, como la mujer es del amante: del íncipit al colofón, es suyo. Quiere disfrutarlo lentamente, abre, acaricia, trashoja, contempla... y, de repente, ya no tiembla, ya no ríe, está triste, tiene frío, busca en el texto algo que ha leído y ya no encuentra, en la imagen, algo que ha visto y ha desaparecido. Busca mucho tiempo en vano: estaba ahí, sin embargo, cuando no era suyo. Todo parece haberse estropeado, haber cambiado, tan sólo quizás el colofón se parezca a sí mismo, el colofón en que el monje Faustus pide que oren por él. Columbkill levanta la cabeza, escucha el estertor de los heridos y la alegría de las cornejas. Sale de su tienda, ha dejado de llover: también allá arriba, grandes trozos de azul viajan por encima del establo de la muerte. El libro no está en el libro. El cielo es un antiguo lugar azul bajo el cual estamos desnudos, bajo el cual lo que poseemos hace falta. Arroja el libro, arroja su pelliza y su espada. Toma el sayal, toma el mar, busca y encuentra un desierto en el mar espantoso de Irlanda: en la isla pelada de Iona, se sienta libre y despojado bajo el cielo, que a veces es azul.
Esa misma mañana había llegado al puerto un barco beocio cargado de ánforas con lo mejor de las vides de Tanagra. Ocultos entre el resto de mercancías, hallaron media docena de pergaminos. Como bibliotecario real, a él le correspondía supervisar el proceso de copiado de los textos. Estudiaba incesantemente los botines y, si encontraba alguno especialmente de su agrado, lo recluía. Lo raptaba con la pasión de un amante y durante una noche, ante una copa de vino, lo hacía suyo. Disfrutaba del placer de ser el primero en contemplar la belleza. Si bien, no pocas veces, a lo largo de los años se sintió tentado por los celos. Él era la puerta de la literatura en Alejandría y también un reconocido poeta en la corte, ¿por qué no hacer desaparecer la prueba y, reconducidos hacia su voz, tomar algunos de esos versos como suyos?. Calímaco se vio numerosas veces entre la culpa y el afán. Esta noche tiene ante él la vida de un joven tebano. Lee y relee. Es un breve epigrama con toda la gracia del primer amor trabada entre sus palabras. No conoce el nombre del autor. Se dirige a la Biblioteca. No hay ninguna otra obra. Se siente poseedor de una verdad preciosa, pero algo le impide gritarla. Lo conserva envidioso de su lenguaje y de lo que tras él se esconde. Muchas noches se decide a escribir algo similar y, esta vez sí, quemarlo. No es capaz. Algo le detiene. Relee sus copias de la copia. Vacías. Siete años después, él muerto, encuentran entre sus papiros un pergamino. El dialecto de lo allí escrito es beocio. El nombre está tachado.